Ciberacoso adolescente: el nuevo patio del bullying está en la pantalla
Entre mensajes hirientes, capturas compartidas sin permiso y cuentas falsas para hostigar, el ciberacoso es una de las formas más habituales de violencia entre adolescentes. ¿Qué dice la ley, cómo acompañar a las víctimas y cuál es el rol de las escuelas y las familias?
El teléfono estaba sobre la mesa, vibrando cada tanto. Abril, 14 años, alumna de segundo año en una escuela pública de Puerto Madryn, lo miraba con miedo, como si fuera una bomba a punto de estallar. Desde hacía una semana, alguien —o varios— la había convertido en el blanco de una cuenta anónima de Instagram. Publicaban memes crueles con su foto, frases despectivas sobre su cuerpo, comentarios que rozaban el acoso sexual.
Al principio pensó que podía ignorarlo. Que se iban a cansar. Pero la cuenta no solo seguía activa: cada vez tenía más seguidores. Entre ellos, compañeros de su curso. Algunos ponían “me gusta”. Otros dejaban emojis de risa.
Abril dejó de participar en clase, de hablar en los recreos, de responder los mensajes del grupo. Hasta que una profesora notó que su carpeta estaba vacía. Y que sus ojos, que antes miraban al frente, ahora esquivaban todas las miradas.
Ciberacoso: cuando la violencia se disfraza de chiste
El ciberacoso, también conocido como cyberbullying, no deja moretones. Pero deja huellas. Se trata de una forma de violencia psicológica sostenida a través de medios digitales: mensajes, redes sociales, plataformas de videojuegos, aplicaciones de mensajería.
A diferencia del bullying tradicional, no termina cuando suena el timbre de salida. Puede ocurrir de madrugada, en la soledad de una habitación, sin testigos directos. Y muchas veces, sin que los adultos se enteren.
Las formas que adopta son diversas:
- Burlas públicas en redes.
- Capturas de pantalla de publicaciones privadas, compartidas para humillar.
- Perfiles falsos creados para acosar o ridiculizar.
- Mensajes con amenazas, insultos o presiones sexuales.
- Difusión de imágenes íntimas sin consentimiento.
Detrás de estas acciones hay un componente común: la intención de dañar, de aislar, de anular al otro. A veces, disfrazado de “chiste”. O peor: de “castigo social” por no encajar.
Adolescencia y vulnerabilidad: por qué duele tanto
Para una persona adulta, un insulto en redes puede doler, pero suele relativizarse. Para un adolescente, en cambio, puede ser devastador.
La adolescencia es una etapa crítica en el desarrollo, caracterizada por la búsqueda de identidad y la necesidad de pertenencia al grupo. Las relaciones entre iguales son esenciales, y cualquier alteración negativa en estas puede provocar sentimientos de aislamiento, soledad, depresión y ansiedad. Según un informe de UNICEF, aproximadamente dos estudiantes en cada aula han sido víctimas de ciberacoso, lo que evidencia la magnitud del problema.
Las consecuencias del ciberacoso en adolescentes pueden ser devastadoras, incluyendo:
- Problemas de autoestima: La exposición constante a críticas y burlas puede erosionar la confianza en uno mismo.
- Ansiedad y depresión: El estrés continuo generado por el acoso puede derivar en trastornos emocionales graves.
- Aislamiento social: El temor a ser juzgado o ridiculizado puede llevar al retraimiento y la desconexión de actividades sociales.
- Rendimiento académico deficiente: Las víctimas pueden tener dificultades para concentrarse en la escuela, afectando negativamente su desempeño académico.
Además, muchos adolescentes no cuentan lo que les pasa por vergüenza o miedo: A que les digan que están exagerando; a que les quiten el celular como castigo o a que los adultos no entiendan, o directamente no sepan qué hacer.
¿Qué dice la ley? Protecciones dispersas, pero existentes
En Argentina no hay una ley específica de ciberacoso adolescente. Pero sí hay marcos legales que permiten actuar.
- Ley 26.061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes: garantiza el derecho a la dignidad, intimidad y protección frente a cualquier forma de violencia.
- Código Penal: el hostigamiento digital puede encuadrar como amenazas, injurias, violación de la intimidad, e incluso instigación al suicidio.
- Ley Micaela Ortega (27.590): aunque se centra en el grooming, establece programas de prevención en entornos digitales.
- Código de Convivencia Ciudadana: en Chubut rige el código contravencional, que impone multas para aquellos/as que hostiguen o maltraten física o psíquicamente a otra persona, así como a quien acose en la calle o en espacios públicos. También sanciona a quien fotografíe o haga circular la imagen de otro sin autorización cuando esto pueda causar algún tipo de daño. Asimismo, prevé un aumento de la sanción cuando estas acciones se cometan por medios tecnológicos.
A nivel provincial, en Chubut, algunas escuelas han desarrollado protocolos internos, pero aún falta una política pública unificada que aborde la violencia digital en las aulas y fuera de ellas.
Cómo actuar ante un caso de ciberacoso
El primer paso, aunque parezca obvio, es no minimizar el problema. El hostigamiento online no es una travesura adolescente: es una forma de violencia.
Es fundamental abordar el ciberacoso de manera proactiva y empática. A continuación, se presentan algunas recomendaciones:
· Guardar pruebas: capturas de pantalla, enlaces, mensajes. Aunque sean anónimos, sirven como evidencia.
· No responder ni interactuar con los agresores.
· Hablar con una persona adulta de confianza: madre, padre, docente, referente, amigos, hermanos. Es muy importante que otras personas sepan lo que está pasando.
· Informar a la escuela: las instituciones tienen el deber de intervenir y activar protocolos.
· Denunciar en la red social o plataforma donde ocurre el acoso.
· Hacer una denuncia penal: en caso de amenazas graves, acoso físico o psicológico, hostigamiento permanente, difusión de imágenes íntimas o suplantación de identidad. Se puede realizar en fiscalías, comisarías o con un abogado de confianza.
· Buscar apoyo profesional: En casos donde el ciberacoso haya generado un impacto significativo en la salud mental del adolescente, es recomendable acudir a profesionales de la psicología especializados en el tema.
Salir del círculo
Abril, la chica de Madryn, pudo hablar. Fue su profesora de Lengua la que escuchó, sin juzgar. La directora convocó a una reunión con su familia y el equipo de orientación escolar. La cuenta fue denunciada y dada de baja. Hubo talleres de sensibilización en el curso. No fue fácil. Pero algo cambió.
“El silencio es el mejor aliado del ciberacoso”, dice Clara, una psicóloga con la que suelo trabajar este tipo de casos. “Hablar, pedir ayuda, no quedarse solo: eso puede romper el ciclo”.
En tiempos donde el celular es extensión del cuerpo y la vida digital se confunde con la real, entender el ciberacoso como una forma seria de violencia es urgente. No alcanza con filtros parentales o desconectar el wifi. Hace falta construir espacios de diálogo, empatía y responsabilidad, donde las palabras —incluso las escritas detrás de una pantalla— recuperen su peso.
Porque, al final, no se trata solo de prevenir el daño. Se trata de defender el derecho de cada adolescente a vivir su identidad —online y offline— con libertad, respeto y seguridad.
FUENTES
https://repository.ucc.edu.co/bitstreams/2844ae5c-a367-4299-96bf-12028795c4b8/download
https://www.redalyc.org/pdf/6721/672174451002.pdf
https://www.unicef.org/es/end-violence/ciberacoso-que-es-y-como-detenerlo
https://dspace.umh.es/bitstream/11000/32683/1/VILLENA MARTINEZ%2C MANUELA.pdf
https://www.revistapcna.com/sites/default/files/01_0.pdf
https://www.programadesconecta.com/impacto-psicologico-ciberacoso-adolescentes/